Diálogo
Sorprendentemente química ha dado el paso de acercamiento y el jueves se acercó al bar de siempre para saludarme.
!Qué situación más tensa¡. Yo intento actuar con toda naturalidad pero se me nota, estoy nervisoso porque no se note que hemos tenido algo. Esto es vano e inutil, ya se da cuenta hasta el apuntador de este escenario.
De canimo para casa charlamos un poco, palabras fríbolas y carentes de argumento rondas nuestros labios.
Como no me quedo agusto, (ese maldito sentimineto de no haber hecho bien las cosas, ese mismo que no se porque aparece, máxime cuando yo no tengo nada que justificar; o a caso será más de lo mismo, más de mí, de mi cultura del proteccionismo, del matriarcado hereditario), decido llamarla.
Resentimiento combinado con dosis de arrepentimiento se dejan fluir de su boca. Sigue quedando pendiente esa charla para intentar arreglar nuestra amistad.
Ya no se si es posible, o si bien, será mejor dejarlo estar y no remover más sentiminetos.