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¿Bailamos?

¿Bailamos?

Si pienso en lo que el baile ha representado en mi vida, no puedo dejar de pensar en todas aquellas personas que se han cruzado en mi vida a lo largo de canciones.

 

Antes de empezar a bailar, la música latina me parecía ñoña, tonta…vamos, un culebrón contado en tres minutos con amores atormentados, pasiones desenfrenadas y hechizos de amor duraderos y desamores incomprensibles.

 

Si hoy me preguntas que representan en mi forma de entender la vida, te diría que sin ellas no podría acordarme de distintos sitios, situaciones o bien, personas. Ahora tengo la buena costumbre de relacionar autores o bien temas con distintas personas que se cruzan en mi camino.

 

No concibo un mundo sin salsa, bachatas o merengues. Es más, me siento triste cuando me disgusto con el baile. Como toda forma artística, a través del baile puedes expresar la alegría, la euforia, o por el contrario la tristeza, el desengaño, la traición o quizás todo lo que no puedes decir a través de las palabras, bien por que no te atreves, o bien por que no puedes contarlas.

Cuando mi relación con el baile se estropea, algo feo se cuece en mi cabeza. Por suerte después de este tiempo triste, necesito un reencuentro con la salsa. Vuelvo a ilusionarme con el baile. En parte ahora que lo pienso, mi ex me quitó las ganas de bailar, como me alegra tenerla ya muy lejos.

 

Si me propones el juego de asociación de palabras así es como lo veo:

La salsa, alegría

La bachata, pasión

El tango, la relación amor-odio.

El merengue, la pachanga

El chachachá, sensualidad

La rueda de casino, la amistad

La cumbia, el dolor de gemelos

El bolero, tristeza

El pasodoble, elegancia

 

El Rock & Roll,  saltos de alegría

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