El principio
Apenas tenía edad para comprender que la vida era muy distinta a como uno la quiere conducir. Todos pensamos que somos dueños de nuestras decisiones, pero sólo somos dueños de nuestros actos. Todo tiene un precio y éste no se revela hasta pasado un tiempo. El baile ha marcado toda mi vida. No era consciente que podía cambiar mi vida aquel día que me inscribí en unas clases de baile. Cuando entré en aquella habitación, sólo ví unos ojos penetrantes que marcaban la mirada en los gestos que realizaba y los pasos por donde pisaba. Pronto me sentí observado y a la vez vigilado, aquella mirada detuvo mi respiración por un momento. Cuando las miradas se cruzaron, una extraña sensación recorrió mi espalda y mi estomago temblaba…qué era todo aquello. No sé cómo se define un flechazo pero era lo más parecido a ello.
Cuando los comienzos no son buenos no hace falta mantener aquello que no se sostiene por sí solo.
Tras tres meses de merodear en la vida en los sentimientos comenzamos a salir, al principio todo era obsesivo, su cara, sus ojos, esos que se me clavaron en el alma, su pelo, su risa...lo más parecido a una adicción. Solo quería una cosa y era que esa sensación no pasase nunca. Claro está, todo se intensifico cuando la noche llegó y bajo una luna nueva nos fundimos en un abrazo largo dando riendas sueltas al desenfreno. Quizás en lo único donde nunca discutimos fue en los abrazos, que pronto fueron pocos y los reproches muchos. Así fuimos salvando algunos años entre peleas y abrazos. Ella la locura, yo la razón...cómo se mezclan los sentimientos, ¿es porque nos sentimos atraídos por lo diferente?, o tal vez, ¿es porque es lo único que nos engancha del otro?.El tiempo pasa y pasa y nada lo detiene. Los sueños se empiezan a dibujar en forma de pareja, vivir juntos...pero ella pone tiempo a todo ello de una forma ilógica, sin futuro, ya, y eso no era posible. Todo cambió con mi trabajo, y con el también el nivel de exigencias, era entonces cuando los dos empezamos a construir todo juntos.
Ella no había buscado un futuro prometedor, sólo se dejaba llevar en la comodidad de todos los días, autolamentándose de la fatalidad de su vida. Ante su dolor, mi dolor; propuse vivir juntos en otra cuidad, en otro lugar, ella lo negó. Sin embargo, quería hijos sin tener un campo donde cosechar los frutos. Tras su depresión, que a partir de ese momento se hicieron habituales, las cosas se dejaron así, o al menos pensaba que había realizado un trabajo mental de afrontamiento de su situación, todo lo contrario, a la menor de cambio podía recordar lo más insignificante como lo más regio. Reproches y acusaciones se dejaban vislumbrar cuando era puesto entredicho sus planteamientos.
Con el tiempo aprendimos a entender las necesidades del otro, o yo si lo hice. Si me preguntaras ahora qué es el amor, ya no te diría lo mismo que hace diez años; ahora sé que es dejar el espacio, el tiempo, para que el otro se desarrolle y crezca.
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