La felicidad de tristeza
Tristeza parece feliz. Al menos, vuelve a sonreir. Es extraño ver como se da arumacos mientras mi amigo sufre por su amor.
Qué dificil se tiene que hacer ver todo esto. Ahora me resulta imposible hablar de ella sin pensar en mi amigo.
Mucho me temo que ya ha elegido su destino. Tenía que decidir entre ser madre o bailar tango. A la vista de los resultados y de las actitudes que mantiene la respuesta se me antoja más clara. El tango llenará los días de soledad en su vientre fecundo.
Espero que el tiempo no la arrepienta de todo lo que ahora se le ahoga en un quejido sordo.
De momento me conformo con que sea feliz y sonría.
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