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huso

carta a mi mismo

Esta otra carta me la escribo al niño que algún día fuí, a ese niño, que no dejó de creer que podia conseguirlo todo... que tonto fuí al creer que era posible tenerlo todo.

Ahora se que este camino de lágrimas está dirigido por el destino caprichoso y absurdo que nos hace pensar que somo dueños de nuestra vida, y tan solo lo somos de nuestros actos.

La vida como en una película, se proyecta y nosotros somos los protagonistas, los actores o bien los espectadores.

Nos comportamos como protagonistas al elegir nuestros actos, somos actores cuando dejamos que sean otros los que dirigan las riendas o tomen las decisiones por nosotros mismos, y somos espectadores cuando decidimos dejarnos llevar por los días, en el trabajo, en la casa, en la compra, en todo lo que nos rodea...sin darle la magia de la vida, sin sentirnos vivos, sin que el entusiasmo de los nuevo nos invada, aunque lo que veas, lo que sientas, lo que experimentes, no sea nuevo, podemos sentir la ansia de la vida, me astía la desidia en la que me dejo, sin pensar, dejando mi mente en blanco, paralizado por nada, por miedo, por angustia, por los cambios...    !despierta que la vida se te va entre los dedos y cada minuto no volverá más¡.

Deja de sentir lástima por ti mismo y despierta. Sal de donde quieras que estés y busca aquello que te vuelva a emocionar y pensar que la vida sigue mereciendo la pena, que no hemos nacido para cumplir un destino marcado y que de nada sirve luchar, pues todo esfuerzo es vano.

Escucha a tu corazón.

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