lo efímero de la felicidad
Que poco dura la felicidad, nada más volver del concierto noche de imaginaria con mi padre. El pobre está asustado, sabe que cada noche es una menos, quién no tiene miedo a la muerte. Si bien yo lo tengo miedo a morir, si le tengo miedo a las cosas que se quedan sin hacer. La relación que se establece entre mis padres y mi persona es demasiado dependiente, ya no puedo planificar mi vida sin pensar que los planes se truncan en un santiamén. De momento no vale compadecerse sino aguantar y resignarse. Es lo que toca.
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